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Ser futbolista e hijo de jugador de fútbol puede ser como tener dos entrenadores, solo que uno no descansa a lo largo de las 24 horas del día. Además, aunque el progenitor esté orgulloso que es el caso, al discípulo solo le llega la visión más crítica. Lo hace por su bien. El fútbol les une, aunque les haga discutir a veces.
Pepe Hernández Martínez (Cartagena, 29-06-95) vive esa realidad en estos momentos. Ha adquirido el sobrenombre de su padre. Se hace llamar Pani y eso en Cartagena marca. Él se siente muy orgulloso de continuar con el sobrenombre con el que su padre triunfó. A sus diecinueve años ya tiene claro cuál quiere que sea su futuro, pero tiene mucho que aprender de su padre y no precisamente a la hora de hacer empanadillas, rellenar roscones o despachar cuando el negocio familiar está a tope.
Francisco Hernández Solano, el veterano del Cartagena recuerda en estos días sus primeros pasos en el fútbol. Le ha salido un defensa como descendiente, aunque jugando se parecen bien poco. La fama de 'leñero' que tenía él no la tiene su hijo.
«Mi hijo tiene más calidad que yo, pero tiene que sacrificarse y ser humilde si quiere triunfar»
«En mi época éramos 10 ó 12 cartageneros en el primer equipo y ahora vuelven a hacer cantera»
«Mi padre era un muro. O pasaba el balón o pasaba el rival, los dos juntos nunca», dice Pani junior
«Para mí es un verdadero orgullo lucir el apodo futbolístico de mi padre desde que era pequeño»
«Ribas sabe mucho de fútbol y es un motivador nato. Trabajamos mucho, pero estoy encantado»
Pani dice que su hijo tiene más calidad, pero el fútbol ha cambiado desde que él triunfara en el Cartagena y en el Nástic de Tarragona. Para él no fue fácil ser profeta en su tierra y sabe que Pepe también tendrá que trabajar mucho para lograrlo. Nadie regala nada, ni en el fútbol ni en la vida. Eso intenta transmitir a su hijo.
Está feliz de ver el momento que atraviesa su chico. Desde el inicio de la pretemporada está a las órdenes de Julio César Ribas y busca un hueco en la primera plantilla del Cartagena. El año pasado jugaba como juvenil en el Mediterráneo. El salto es enorme. «Mi hijo está viviendo el momento que deseaba desde pequeño, porque le ha gustado el fútbol desde siempre. Cuando uno ha sido futbolista está orgulloso de que su hijo siga sus pasos porque de verdad le gusta. Yo lo único que quiero es que sea feliz con lo que elija y él está volcado con el fútbol. Es su pasión y tiene que aprovechar su momento» admite el cartagenero.
Buena oportunidad
Sabe que el chaval tiene ante sí una buena oportunidad este verano. «Ahora mismo los chavales vuelven a tener oportunidades para llegar al primer equipo. En mi época éramos 10 ó 12 cartageneros en la primera plantilla del Cartagena y subimos a Segunda División. Eso se puede volver a repetir. Este verano les están dando oportunidades a los chicos de la cantera y ahí se nota el asesoramiento de Florentino Manzano. Él ya lo hizo cuando fue presidente y siempre ha apostado por hacer jugadores de los chicos que tienen talento» observa Pani.
Ahora la cosa no es como antes. El fútbol ha cambiado mucho y es todavía más difícil triunfar. «Ahora hace falta mucho más físico que en mi época. Ahora la figura del preparador físico es clave porque es fútbol de fuerza y antes era el entrenador el que organizaba todo el entrenamiento. Quizás se haya perdido técnica, pero es un fútbol más competitivo. Ahora es más difícil triunfar, porque antes el delantero era delantero y el extremo extremo y no bajaban a defender. Ahora los equipos son más compactos y hoy todos defienden y todos atacan. Se necesita ser más completo para tener una buena oportunidad» advierte a su hijo.
Francisco recuerda, que como en muchas casas, a Pepe le castigaba sin fútbol si bajaba el rendimiento escolar. «Si no sacaba buenas notas le decía que se quedaba sin fútbol y estudiaba como un loco para recuperar. Ya me dio la pista, porque por el fútbol lo hace todo».
Eso quedó atrás. Ya tiene un futbolista adulto en casa, aunque aún tiene mucha influencia sobre su carrera. Es un profe en casa.
Un padre futbolista en casa puede ser un follón para un chaval, pero también le da los mejores consejos. «Yo le aconsejo que se sacrifique y que sea humilde y constante. Tiene que trabajar mucho, porque hay muchos chavales y el que más se sacrifica y lucha puede llegar. Cualidades tiene, pero tiene que pelear mucho. Tiene que intentar ser mejor día a día porque hay mucha competencia. Nada se consigue sin constancia y trabajo. También es muy importante que sea humilde».
Eso sí, Pani no es un padre adulador. No quiere que su hijo se relaje. «Solo le veo lo malo, porque él ya sabe lo que hace bien. A veces me dice que nunca le digo lo positivo, pero es por su bien. Yo le corrijo. Le digo que nunca hay que dar un balón por perdido, que siempre tiene que estar en movimiento y sin relajación. Tiene que superarse si algo le sale mal durante un partido. Me dice que le deje tranquilo, pero es la única forma de que vaya mejorando. Decirle que es un fenómeno y que no hay nadie mejor que él no le hace bien» explica el exfutbolista.
Muy diferentes
Ambos son defensas, pero el hijo es menos duro en su papel. «Mi hijo tiene más calidad. Yo era un defensa más duro, a la vieja usanza. Él puede llegar, pero tiene que sacrificarse. Yo quise ser futbolista y luché, a pesar de que me dijeron al principio que no valía y me tuve que ir del Cartagena. La constancia te lleva a conseguir tus objetivos. Él, igual que como futbolista no te digo si es bueno o no, como chico es noble, un chaval extraordinario y un hijo estupendo» comenta mientras su hijo sonríe orgulloso.
Pepe ha ayudado mucho en la panadería de sus padres. En las épocas de más venta se mete en la cocina a hacer empanadillas o lo que le haga falta a su familia. Ahora le dan más libre porque las dobles sesiones de fútbol no le dan tregua, aunque ha arrimado el hombro como el que más. Además, está estudiando ingeniería eléctrica. Eso sí, su primera pasión es el fútbol.
Dos entrenadores
Pepe admite que tiene dos entrenadores. «Y tanto que tengo dos entrenadores, pero el de casa es más exigente que el del trabajo. Me subo al coche y ya me está recriminado lo malo que he hecho, en la comida, en la cena&hellipestoy deseando cenar solo en casa ( sonríe). Es bueno porque cuando aplico sus consejos y me sale mejor el siguiente partido lo agradezco mucho» indica el joven futbolista albinegro.
Lleva unas semanas entrenando con el primer equipo y ha disputado minutos en los tres amistosos del equipo en Pinatar Arena. Es consciente del reto que tiene en sus manos. «Estoy viviendo un sueño que tenía desde pequeño. Me están tratando muy bien, aunque está siendo duro el trabajo. Esto no es como en juveniles y la velocidad de juego se nota mucho». Los madrugones para ir a entrenar no hacen mella en su ánimo. Todo lo contrario, cuida al límite cada detalle para agradar al entrenador.
Sigue la estela de su padre, pero es él el que siempre se empeñó en jugar y en ser el primero en llegar a cada entrenamiento. «Desde pequeño he querido ser futbolista porque me ha gustado. No ha sido por mi padre. Él me ha dado libertad para ser lo que yo quiera ser».
En directo no le pudo ver en activo, pero sí que ha visto jugar a su padre. «De él jugando he visto muchas veces el vídeo del ascenso en Torrejón. Era un fútbol más duro y no nos parecemos mucho en el campo. Él era un muro. O pasaba el hombre o pasaba el balón. A mí todavía me falta coger un poco de su mala leche» valora el joven.
Admirador de Puyol y Sergio Ramos a nivel nacional, le habría encantado coincidir con Mariano Sánchez que ha sido su ídolo local. En cuanto a su posición, entre los actuales laterales izquierdos, se identifica con Marcelo. Le gusta que un lateral tenga recorrido. Le gusta subir y centrar, por eso le cuesta un poco más jugar de extremo, pero jugará donde le diga Ribas. «Estoy menos acostumbrado a jugar como extremo, pero me adapto a lo que haga falta. Ribas quiere gente polivalente y yo si tengo que jugar de volante como él dice, lo hago» asume complaciente.
Distinto ritmo
El cambio de jugar en el Mediterráneo a jugar con el primer equipo es notable, pero está aprendiendo mucho. «No es lo mismo por ejemplo saltar a disputar un balón con un juvenil que con un jugador del Rayo, que te mete el cuerpo o el codo. De eso tenemos que aprender. Estamos para intentar ganarnos un puesto porque el que se duerme se va al banquillo».
Orgulloso de lucir el nombre de Pani, quiere ser también futbolista profesional. «Espero llegar a ser futbolista y creo que lo conseguiré si sigo aprendiendo. Ribas está apostando por la cantera y sabe mucho de fútbol. Encima es un motivador nato. Estoy encantado de como nos trata, de sus charlas y del buen clima que hay en los entrenamientos, aunque sea serio y disciplinado durante el trabajo» dice Pani junior.
Seguir la estela de su padre le gusta, pero de momento solo en el fútbol. «Las empanadillas no se me dan mal, pero prefiero el fútbol. Lo otro está ahí, en segundo plano. Con el trabajo de la pretemporada es cierto que me están dando tregua y ayudo menos».
Pepe es un chico tímido, pero se ha adaptado perfectamente al entorno de trabajo del primer equipo y empiezan a disfrutar juntos de las pocas horas libres que les deja el entrenador. «Estamos haciendo piña y eso es lo que dice el entrenador, que antes de un equipo tenemos que ser una familia y eso va a dar resultados en el campo seguro».
Aunque ilusionado, sabe que tiene que aprender y superarse se. Si no encuentra sitio ahora mismo en el primer plantel, aprovechará cada ocasión en la que pueda entrenar a las órdenes del uruguayo. Tanto su padre, como su tío Vicente Martínez han estado apoyándole de siempre en su pasión por el fútbol y también por ellos da un poco más del 100% en cada sesión y en cada partido.