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A las pocas semanas de aterrizar el proyecto de Sporto Gol Man 2020 a Cartagena, su dueño, Javier Martínez, confió el club a su amigo Javier Marco. El nuevo presidente de la entidad cogía el relevo de Fran de Paula, un dirigente que dejó un extraordinario sabor de boca entre los aficionados, pero que decía no a su continuidad porque no terminaban de convencerle los nuevos dueños.
Marco llegaba para ser la cara amable de este Sporto Gol Man, o al menos así se veía desde fuera. Una persona joven, formada y con un discurso atractivo, que gobernaría desde los despachos, pero con las directrices marcadas desde Valencia, donde reside y trabaja el jefe de la entidad.
Esta supuesta figura de paja que aterrizaba en el FC Cartagena se ha descubierto como un hombre con mano de hierro, que no solo quería transmitir las bondades del nuevo proyecto sino que iba a revolucionar de arriba a abajo la estructura de la entidad cartagenerista, con decisiones polémicas, silencios no entendidos, recortes laborales y movimientos a la sombra que le han generado más de un detractor entre los miles de espectadores y seguidores que acuden al Cartagonova cada jornada.
Marco se ha convertido en el auténtico apagafuegos del club albinegro, pero en determinados momentos ha salido quemado por situaciones que probablemente le hayan superado. Es cierto que el abogado valenciano se encontró una situación económica pésima, mucho peor que como se la pintaron, y ha tenido que dibujar un panorama más grave. En su discurso siempre se le ha escuchado el término 'optimización de recursos', un concepto que acuñó el propio Javier Martínez y que Marco lo ha llevado hasta las últimas consecuencias. Hasta siete han sido las personas que han sido despedidas entre junio y noviembre –Paco López, Pedro Arango, Pedro Reverte, Yolanda, Antonio Martínez, José Teso y Cristina Bustillo– en una decisión que ha levantado muchas ampollas. Ahora quedan cinco personas –entre ellas el propio Marco–, un panorama acorde «con las necesidades de un equipo en Segunda B que no tiene infraestructura de fútbol base», recuerda el presidente.
El FC Cartagena recordó hace días que ha logrado ahorrar 350.000 euros en su presupuesto respecto al año pasado –nóminas, telefonía, tienda, ropa deportiva, campos de entrenamiento, marketing– lo que supone no engordar su deuda.
Otro asunto extradeportivo muy espinoso ha sido el concurso de acreedores, una solución lógica que no ha sido nunca bien explicada por la entidad, lo que provocó la sensación de estar ocultando la verdad a los seguidores. Marco quiso manejar a su manera los tiempos para comunicarlo, algo que lo dejó en fuera de juego, sobre todo después de que se destapara por fuentes externas al FC Cartagena que el club entraba en concurso. Cuando quiso aclararlo ya era demasiado tarde y muchos no creyeron sus argumentos.
El más peliagudo ha sido el lío montado con Julio Ribas. El uruguayo fue una imposición de los inversores y el presidente no tuvo nada que decir . Pero el cambio de acepción de las atribuciones de Ribas –presentado en primera instancia como técnico–; el hecho de colocar a Simón Ruiz como entrenador y luego la inhabilitación de ambos ha dejado en evidencia al club que representa Marco y, por ende, al propio presidente, quien tampoco supo reaccionar a tiempo ante lo que se les avecinaba.