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En las peores circunstancias, con una lluvia intensa, en un campo más estrecho, el Águilas logró su primera victoria. A la sexta fue la vencida. Sívori, de penalti, dio unos tres puntos vitales para no descolgarse de los equipos que pelean por salir del descenso. Sigue penúltimo, pero ya llueve menos.
Toda la lluvia cayó sobre El Rubial. El árbitro estuvo a punto de suspender el partido tras ver que una de las bandas del terreno de juego era una piscina. Finalmente, optó por una decisión peculiar: estrechó el campo seis metros por cada lado, hasta apurar las medidas mínimas reglamentarias. Fue curioso ver a los asistentes correr la banda dentro del campo.
A ambos equipos les costó adaptarse a la situación. Estaban más pendientes de no perder el orden que de jugar. En el minuto 24, el Águilas sacó provecho del nuevo escenario. Convirtió un saque de banda en un córner. Cayó el balón al área, donde estaba Luky, que fue derribado. El penalti lo transformó Sívori.
Sívori se echó al equipo sobre sus espaldas y fue la prolongación de Juanjo Enríquez en el encharcado césped aguileño. Mandó, corrió, corrigió y, sobre todo, disparó. Minutos más tarde del gol, casi sentencia el partido con un derechazo que obligó a Razak a una intervención sensacional.
El Betis B no pisó el área del Águilas con peligro hasta el tramo final. Optó por el juego directo y estuvo a punto de empatar en un par de balones colgados que los centrales blanquiazules despejaron con contundencia. El Águilas se limitó a conservar su gol. Le faltó puntería al inicio de la segunda mitad, cuando dispuso de buenas ocasiones. Por primer vez, no hubo que lamentarse, porque por primera vez el Águilas deja su portería a cero.