blog dedicado al deporte regional y local de la poblacion de AGUILAS
Ayer en El Rubial se vio el ejemplo natural de quien sabe que su muerte está cerca y se resiste al trágico final. Si la salvación de la categoría abre una remota (única) posibilidad de que el club no desaparezca a final de temporada, entonces el Águilas cavó su propia tumba ante el Sangonera. Está a seis puntos de la salvación y no hay señales de vida por ningún lado. El club ya le ha dicho a los jugadores que no hay dinero que recaudar y quien quiera, que salga por la puerta huyendo. Algunos empresarios, cercanos al proyecto de Marina Cope, han preguntado por la situación del club, como si el Águilas todavía fuera un escaparate para vender un producto o una imagen. Pero cualquier atisbo para la salvación pasa por no bajar a Tercera, un objetivo que parece bastante difícil.
Ante el Sangonera, el pundonor del equipo volvió a ser insuficiente. Logró nivelar el gol inicial de los visitantes con un zurdazo pellizcado de Morillas y, con un jugador más y con el aliento de la afición, parecía que sí, esta vez sí, todos nos llevaríamos una alegría. Pero una galopada descomunal en el último minuto de Calderón, que salió en la segunda mitad para ser el mejor del encuentro, bastó para dejar al Águilas un poco más muerto de lo que estaba un día antes.
La afición empieza a preguntarse si no es mejor tirar los bártulos, sacar la bandera blanca y reconocer la realidad. El famoso Plan de Viabilidad no llega ni se le espera. No hay un euro en la caja y el equipo está en caída libre. Hay jugadores que pueden dejar el club en breve. Y lo peor de todo: ni siquiera está claro que pueda terminar la temporada de forma digna. Encima, compite con una irregularidad flagrante: su entrenador no tiene el título para entrenar y está expuesto a una sanción. Las denuncias se acumulan pero la directiva sigue empecinada en su huída hacia delante, como si esperaran con certeza un milagro. Hace unos días, Jose Cegarra dijo que “para muchos, esta situación es como escalar el Everest, y para mí es como subir un molino”. Si es tan fácil, si no es una irresponsabilidad de la directiva llevar el club a este deterioro, ¿qué pasa entonces?
El club vive su etapa más degradante de las últimas décadas. Se autodestruye con la afición como testigo impasible. Desaparecer, reaparecer con otro nombre y comprar una plaza en Tercera división, algo de lo que nos reímos hace unos meses cuando lo hizo el Lorca, parece como la solución más consensuada. El tiempo lo dirá.