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blog dedicado al deporte regional y local de la poblacion de AGUILAS

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El deporte no llega a fin de mes

Estepona, Puertollano, Poli Ejido, Melilla y Sevilla At. Tres de ellos no cobran y dos murcianos, el Jumilla y el Caravaca, tampoco. En un campo, ante un balón, sobre el césped, cada fin de semana, ya no hay rivales. Ahora hay moribundos.
Invertir en deporte ya no es rentable, salvo que sea a nivel de élite. Los equipos en categorías rasas se solían nutrir de empresarios de la zona, conocidos y firmas con las espaldas anchas a las que resultaba obligatorio socorrer al club de casa para no caer en el descrédito de sus clientes. La crisis se ha llevado todo por delante. «Ya no hay patrocinadores. Hemos pasado de la época mejor, cuando el ladrillo, a la peor», dice Zapata.
El último en pedir auxilio ha sido el Ucam Cartagena, el club más excelso del deporte murciano, adornado por un caudal de 24 títulos que le dan prestigio, pero no dinero. El club de Enrique Pérez Miras no paga desde febrero. No puede. La congoja del presente se une a la angustia del futuro. Lo peor no es que no pague, es que no sabe cuándo ni cómo lo hará. Pintan bastos. Pérez Miras clama por las subvenciones y ha pedido un adelanto a la universidad que lo patrocina. En el mismo club admiten que el futuro es incierto. Las telarañas de la ruina amenazan con lapidar al mejor equipo español en la historia del tenis de mesa, que se debate entre la vida y la muerte pese a su hoja de servicios envuelta en diamantes.
A falta de recursos todos se agarran a un asidero tambaleante: el maná de las subvenciones, también zarandeado por la crisis. La cola en ventanilla es larga porque la Comunidad las concede pero no las paga, atendiendo a su programa de recortes feroces. «Ahora no hay dinero para pagar. Mis jugadoras cobrarán cuando llegue la subvención», admite Evedasto Lifante, presidente del CAV 2005 de voleibol femenino. El club ha ido acomodando su presupuesto a los efectos de la crisis, amputando su cuenta de gastos a medida que la crisis se ha ido ensañando aquí y allá en su implacable labor de roedor. Si en épocas gloriosas llegó a manejar un presupuesto de 3 millones, este año es sólo de 500.000 euros. «Y el que viene de 300.000», avisa Evedasto. «Pero yo seguiré aquí. No me iré», dice.
El CAV acaba de perder a su jugadora más notable, Priscilla Rivera, que se ha ido a Puerto Rico en el tramo crucial del campeonato por una razón con seis cifras: le pagan 120.000 euros por una aventura transatlántica que durará cinco semanas. De quedarse, no cobraría nada.
Bocadillos
El voleibol es un deporte donde la crisis se ha cebado con cierta virulencia, porque la Región cuenta con varios equipos de primer nivel. El Ucam Voley Murcia, que juega en la Superliga 2 (la Segunda del voleibol femenino) es un caso paradójico. A las puertas del ascenso, el equipo, sin embargo, se debate entre la vida y la muerte. «A día de hoy, tendríamos que cerrar. Mi esperanza es que algo cambie», dice su dueño, Pepe Valera. Todas las jugadoras son estudiantes y a todas les sale gratis la matrícula en la Ucam. ¿De dónde saca el dinero en un club cuyo presupuesto es de 140.000 euros este año? Del maná que nunca llega: subvenciones. «No hemos cobrado aún las del año pasado», dice Valera. No hay secretos en la fórmula para ahorrar gastos: las chicas realizan viajes de ida y vuelta el mismo día, sin importar los kilómetros. «Viajamos a base de bocadillos, no hay más remedio», dice Valera.
El deporte que no está en primer plano ya no es un medio de vida, sólo el desarrollo de una pasión: ya no da para vivir. «Antes había muchos jugadores que podían comer del fútbol, aun estando en Tercera -dice Jesús Zapata-. Ya no. Algunos clubes llegaron a pagar mensualidades de 3.000 y 4.000 euros. Ahora casi nadie paga y los pocos que cobran no llegan a los mil».
Zapata habla de una época más que dorada, casi opulenta, cuando el mundo del ladrillo irrumpió en el fútbol con la fuerza de un estallido y no sólo para llenar camisetas. Se adueñó de clubes y cambió la forma de gestionarlos de la noche al día, gastando dinero sin importar cuánto y fichando a futbolistas de fuera que cobraban sueldos rimbombantes. Eran tiempos lustrosos, de poco escatimar y presupuestos orondos. En unos años el fútbol regional fue un poco más babélico, con jugadores de todas partes porque los equipos que siempre bebieron de la cantera, dejaron de hacerlo. Ahora vuelven su mirada a ella, pero quizá menos por gusto y más por obligación. «Es la única nota positiva -dice Zapata-. La cantera, al menos, ha salido beneficiada de todo este jaleo».
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