Es un sueño que se ha hecho realidad. Es un ejemplo de convivencia, de integración entre culturas, de progreso y de modernidad. Nuestro fútbol regional, ese que se cultiva en campos de tierra o de césped artifical de todos los rincones de la Región, es el modelo más eficaz de integración de chavales nacidos en otros países y que viven aquí con sus familias. Jóvenes de todas las razas se mezclan en un fútbol en el que están representados 40 países, incluido España, y en el que todas las nacionalidades forman una bandera multicolor que es un ejemplo de cómo debe construirse la sociedad del futuro.
Jóvenes de Argentina, Argelia, Alemania, Bélgica, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Camerún, China, Colombia, Congo, Costa de Marfíl, Cuba, Ecuador, Francia, Gambia, Georgia, Ghana, Guinea, Honduras, Irlanda, Italia, Lituania, Mali, Marruecos, México, Nigeria, Paraguay, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Dominicana, Rumanía, Rusia, Senegal, Suiza, Ucrania, Uruguay o Venezuela luchan cada semana por convertirse en un futuro en una estrella del fútbol y emular a sus ídolos Cristiano Ronaldo, Messi, Xavi o Iniesta. 1.327 porteros, defensas, mediocampistas o delanteros en los que países como Marruecos o Ecuador destacan por su gran representación con 105 y 84 jugadores, respectivamente.
«El año pasado me despisté y no me apunté al equipo. Este año estoy jugando en categoría cadete. Juego de interior y me da igual la derecha que la izquierda, me gustan las dos bandas», comenta Cherif Diallo, joven senegalés que juega en el Puente Tocinos. Cherif tiene 15 años y llegó a España hace tres: «Es una decisión que tomas para entregarte y relacionarte con las personas que viven en el país en que has decidio vivir», comenta Amador, su padre. Cherif nació en un pueblo llamado Tamba y es un seguidor de Özil y Cristiano. O como el caso de Robi Kupatadze, jugador georgiano que desde hace ocho meses vive en la Región de Murcia: «Juego de interior zurdo en el Plus Ultra Juvenil. Me siento muy bien con los compañeros. El fútbol es integrador».
Son sólo algunos ejemplos porque hay muchos más. Y la gran mayoría cortados por el mismo patrón. Descendientes de trabajdores extranjeros que decidieron buscar una oportunidad en Europa y apostaron por crecer junto a los habitantes de la Región de Murcia. Como en el caso de Adda, Sidail y Mourdine, tres hermanos argelinos hijos de Abdelkader, un trabajador que llegó a Santomera hace veinte años y cuyos hijos juegan en el Beniel. Los datos son incontestables y la tendencia no disminuye. Respecto al curso pasado la Federación ha registrado un 10% más de jugadores no españoles, donde las chicas tienen un papel fundamental al incorporarse de forma masiva a equipos como el Ranero, Torreagüera, Cieza, Minera, Alquerías o Murcia Féminas.
Tiende la mano
La Federación Murciana de Fútbol también ha puesto de su parte y ha abierto las puertas en los últimos años. El único requisito para poder jugar al fútbol en nuestra Región de forma federada es contar con la tarjeta de residencia y el pasaporte en vigor. Con esta premisa cualquier chaval que haya llegado a Murcia puede inscribirse de forma gratuita y contar con el seguro médico obligatorio. Los equipos de fútbol, junto a los colegios, se han convertido en los verdaderos canalizadores del fenómeno de la inmigración: «En el Plus Ultra hay casi 300 chavales de los que 30 son inmigrantes. Tenemos chicos de nueve nacionalidades diferentes que conviven sin problemas. El fútbol les sirve para abrirse más y no estar encerrados en su entorno y su casa», comenta Jesús Zapata, directivo del club de Llano de Brujas.
El Raal cuenta con un porcentaje aún mayor, con 25 jugadores inmigrantes de un total de 110: «Les viene muy bien a todos. Es una forma de integrarse a través del deporte. Aquí aceptamos a todo el mundo y tenemos monitores preparados para asumir la función de enseñarle a través mediante el fútbol grandes valores», comenta Lite, propulsor de este equipo que pertenece al municipio de Murcia.
En Alquerías entre la escuela y el club de fútbol hay más veinte inmigrantes, donde destacan Ariadne y Madelaine, dos jóvenes ecuatorianas que militan en los equipos infantil y cadete: «A ellas les cuesta más. Los equipos de los pueblos estamos cumpliendo una función social con la integración. Lo peor es que la situación económica no es buena para algunas de sus familias, lo que hace que muchos ni intenten venir», asegura Antonio Pino, de la escuela de Alquerías.