Son las ocho de la mañana. Todo el mundo tiene que levantarse en la cárcel de Sangonera. Hasta las nueve los internos tienen tiempo para asearse o ducharse antes de desayunar. Con suerte, y si es el día de entrenamiento de tu módulo, después de desayunar tocará fútbol sala. Es una forma de escapar, un vehículo para evadirse de los cuatro muros que les rodean. Porque algunos reclusos estarán en Sangonera unos meses, pero otros tienen para más tiempo. El fútbol sala se ha apoderado de parte de sus pensamientos, es un estímulo: «Cada vez que llega la hora de vestirme para jugar me ilusiono. Si no fuera por el fútbol sala todo sería muy aburrido. Entrenamos, formamos equipos y jugamos», comenta Juan Orce, interno y miembro del equipo del módulo 4. El Torneo Memorial Guillermo Miranda se celebra desde hace tres años en recuerdo del director fallecido, reconocido amante de cualquier actividad deportiva, y participan varios equipos de cada módulo. Este torneo le ha dado 'vidilla' a la cárcel de Sangonera, en esta edición han participado 150 presos de entre los más de 700 que la ocupan.
El sistema de competición es sencillo. De cada módulo participan al menos dos equipos, de los cuales el mejor llega a semifinales. En la gran final, el módulo 4 tumbó al módulo 3 y se hizo con un título que cada vez es más prestigioso en el centro penitenciario. Es el torneo más grande, aunque no el único dado que en septiembre se hace una especie de Copa del Rey con motivo de las fiestas de la Virgen de la Merced, patrona del centro. Sólo falta recuperar la 'Champions' de otros años enfrentándose a otros centros como en el campeonato entre prisiones en el que participó Murcia hace unos años. O como los enfrentamientos entre Alicante y Murcia disputados en la cárcel de San Antón de Cartagena, ya clausurada: «Para ellos el jugar, preparar los partidos o entrenar en el pabellón y salir del módulo les supone un espacio de tiempo en el que ya no se sienten presos», cuenta Manuel Illera, Educador del Centro y verdadero cerebro de un plan destinado a inculcar hábitos saludables entre los internos.
Pero hoy es un día diferente a todos los demás. Es una fecha inlovidable para los ganadores del campeonato. La tercera edición del Torneo Guillermo Miranda cayó del lado de los integrantes del equipo de fútbol sala de este módulo y, como campeones, se enfrentarán a un combinado de monitores y a otro formado por estrellas del fútbol y fútbol sala regional como Dani Aquino, Pepe Aguilar, Paulo Roberto, Jesús Rosagro, Moreno Boluda o Luciano Herrero, entre otros deportistas que se han acercado de forma altruista a Sangonera.
Para los reclusos no es una pachanga de fútbol sala más, es su particular final de la 'Champions': «Para mí es lo más importante que hay aquí, es con lo que más disfruto. La semana pasada ganamos el campeonato que se celebra aquí y estamos muy satisfechos. Es la primera vez que he jugado en la cárcel aunque jugué mucho en la calle», comenta de nuevo Juan Orce, un interno llegado desde Cartagena y que posee cualidades para desenvolverse en la posición de ala-pívot por su rapidez y fogosidad.
Los partidos entre reclusos no dejan de tener los alicientes de cualquier partido de competición, donde la grada también participa: «Hay mucho pique entre los módulos, igual que si fuera un partido del Madrid contra el Barça. En la final llovía el agua desde la grada y hubo calentones, aunque somos todos amigos y después no hay ningún problema. Siempre podremos vacilarles hasta el próximo campeonato», asegura Juan, que junto a Manuel Muñoz, Ramón Jiménez, Francisco Pinar, José García, Jesús Belmonte, Juan Ortiz y Ramón Gil se adjudicaron el torneo de la regularidad en Sangonera.
Aunque Juan y sus compañeros de equipo estén en prisión, siguen todo lo que pasa fuera relativo al fútbol: «Yo soy del Madrid a muerte. No estoy cabreado, estoy orgulloso y contento del Madrid. Me encanta Mourinho, es un máquina», asegura entre risas un miembro del equipo. Todos quieren esquivar la pregunta de porqué están en prisión. Es casi un tema tabú, recordarlo es incompatible con un momento tan feliz como el que viven durante sus dos horas de fútbol sala. Aunque todos tienen un objetivo común: «Esperamos no estar aquí para la edición del año que viene pero por si desgracia estamos, seguro que jugaremos».
En total hay más de 77.000 reclusos en España aunque Murcia cuenta con una de las cárceles más pequeñas del país, con poco más de 700, de los cuales el 30% son inmigrantes y el 80% están entre rejas por consumo o tráfico de drogas.
Manuel Illera es la cabeza pensante y ejecutora de todo este tipo de iniciativas: «Cuando entra aquí una persona le intentamos aportar todos los recursos formativos, educativos o culturales que se suponen que han sido una carencia en su vida diaria y que han motivado su ingreso en prisión. El deporte transmite valores, conocimientos y recursos para cuando salgan puedan dedicarse a una vida saludable. El día a día en la prisión ha demostrado que una persona que se dedica al fútbol sala o al arbitraje disminuye el índice de sanciones porque hay menos conflicto porque están dedicándose a desarrollar hábitos saludables», asegura el educador.