blog dedicado al deporte regional y local de la poblacion de AGUILAS
El Fútbol Club Cartagena ha tocado fondo. El modelo de club que hemos conocido en sus primeros 19 años de vida está agotado. No porque lo diga el nuevo dueño, Javier Martínez. Tampoco porque el fútbol haya cambiado más en los últimos 18 meses que en los 18 años anteriores. El fútbol cartagenero debe reinventarse porque tras conocer a Fran De Paula (un gestor honesto, transparente y franco) ya nadie quiere escuchar mentiras. Ni medias verdades. Y, sobre todo, porque todo el mundo es consciente de que si el primer club deportivo del municipio sigue por este camino tocará ir de funeral otra vez. Y los aficionados no quieren más entierros, más refundaciones ni más proyectos de un cuarto de hora.
«El club no está sano. Está muy enfermo. Está en situación de quiebra técnica. La situación es muy grave, más de lo que incluso nosotros pensábamos cuando llegamos», dijo el pasado lunes Javier Martínez, dueño de la entidad albinegra y administrador único de Sporto Gol Man 2020. Fue una de sus intervenciones más acertadas durante una comparecencia en la que hubo mucha paja y poco grano. En ese sentido, el diagnóstico del abogado valenciano es certero. Con las cuentas embargadas, con más de tres millones de euros de deuda con Hacienda y con la imposibilidad de recibir ayudas públicas por el veto de la Agencia Tributaria, el FC Cartagena palidece. No puede caminar.
Porque se acabó el maná. Hasta junio de 2012, todo lo que faltaba salía del bolsillo de Paco Gómez, un desastre como presidente pero un pagador de Primera División, como nunca hubo ni habrá en el fútbol local. Pagó y pagó hasta que se cansó del fútbol, víctima de sus desmanes casi diarios, desengañado por el año de Quirantes, el 'fichador' que le buscaron para echar a Juan Ignacio Martínez, y atormentado por un descenso que ni en sus peores sueños imaginó. Dejó de pagar a Hacienda, a la Seguridad Social, a los proveedores y, en muchas ocasiones, a los jugadores y a los empleados. El de Jacarilla se convirtió en un presidente más (de los malos) y dilapidó su buena fama de pagador -conquistada durante muchos años- en unos pocos meses. El 'Caudalazo' arruinó su proyecto de manera definitiva.
Esta temporada, el club ha ingresado más de lo que ha gastado. El problema está en la 'herencia recibida'El respiro de la Copa
Con Fran De Paula llegó el sentido común y las cosas se hicieron bien en el Efesé, por vez primera en mucho tiempo. Esta temporada, para sorpresa de todos, el club ha ingresado más de lo que ha gastado, pero las deudas del pasado se lo comen. Es verdad que no todos los años va a venir el Barça al Cartagonova (la Copa del Rey ha dejado 600.000 euros en las arcas del club), pero De Paula, Reverte y Tevenet han marcado el camino este año. Con poco se puede hacer mucho. Y en Cartagena, al contrario, siempre se gastó mucho para conseguir muy poco.
La situación actual se parece bastante a la de hace 20 años en el Efesé, cuando José Luis Belda (un buen pagador y un notable presidente) acababa de marcharse, quemado por los sinsabores del fútbol. Lo que vino después, con los mandatos cortos (y nefastos) de Antonio Inglés, Francisco Villaescusa, Andrés Hernández Sánchez y Andrés Bolarín, fue el desastre total. Una hecatombe que nadie quiere recordar. Para que aquella historia no se repita, no deben repetirse aquellos errores.
Todos quieren venir
La deuda entonces era de 700 millones de pesetas, muy similar a la actual, que se acerca a los 4 millones de euros. La diferencia es que hoy -casi- todo se arregla con un ascenso a Segunda A. Entonces, no. Hoy, a pesar de todo, el Cartagena sigue siendo un grande de Segunda B. Todos los jugadores y todos los entrenadores de la tercera categoría quieren venir aquí. La división de bronce está muy herida. No hay un duro. Y con poco, el Cartagena puede hacer mucho. Se ha demostrado este año. El camino lo ha enseñado el último Cartagena, el de Tevenet, Reverte y De Paula.
Hay mucho por hacer. Llevamos años advirtiendo de que el modelo de club ha fallado. De manera recurrente, se habla de líneas básicas, tales como apostar por la cantera, cartagenerizar la plantilla, construir una ciudad deportiva (o algo parecido), potenciar el área comercial, acercarse al tejido social y empresarial de la ciudad, crear un departamento de marketing y conseguir que el FC Cartagena sea por fin un referente para los cinco mil niños que juegan al fútbol de forma federada en el municipio. Estas son las claves para reformar el club. Es el modelo del futuro. Y del presente. Todo el mundo lo tiene claro. Pero nadie camina en esta dirección.
Así, los errores se repiten. Pasan las temporadas y nada cambia. Cada mes de junio llega la crisis nuestra de cada año. El futuro del club se pone en duda, los rumores se disparan y las guerras internas destruyen lo poco o mucho que se ha construido durante la temporada de turno. No hay un sustento. No hay base sobre la que edificar nada potente. No la había en los años de Paco Gómez, ya que durante una década el Cartagena fue un gigante con pies de barro. Los futbolistas -como ahora- querían venir porque sabían que iban a cobrar un buen dineral. Pero al llegar se daban cuenta de que la estructura del club era precaria y muy poco profesional.
Y así seguimos. Tras conocer a cuatro presidentes en los últimos 12 meses (Gómez, De Paula, Paco López y, ahora, Javier Marco), nos encontramos con una cruda realidad: faltan casi 300.000 euros para pagar a jugadores y empleados antes del 30 de junio. Si no aparece el dinero, el club bajará a Tercera. «Veo cierta tendencia al fatalismo», apuntó el pasado lunes Javier Martínez. Puede que lleve razón. El problema es que, con este panorama, el cuerpo no le pide a nadie ponerse a bailar una jota valenciana.