blog dedicado al deporte regional y local de la poblacion de AGUILAS
Al FC Cartagena le falta el instinto asesino con el que debe contar cualquier equipo con jugadores de calado, como Ribas o Pallarés, y que ayer echó mucho en falta después de ver el cúmulo de ocasiones claras para haberse llevado los tres puntos. El bloque albinegro sigue sin ganar en su campo tras cuatro encuentros consecutivos que han acabado en empate. Si hubo algún choque en el que mereció más que nunca haber goleado a su oponente, fue el de ayer. Y es que los jugadores dirigidos desde el banquillo por Simón Ruiz tuvieron la opción de encarrilar el encuentro muy pronto. No lo hicieron y arrastraron el lastre de la incertidumbre, el nerviosismo o la precipitación, que les acompañó durante los noventa minutos de enfrentamiento.
El Sevilla Atlético, plagado de jovencísimos futbolistas, fue un mero espectador. Se defendió bien, no cometió errores de bulto, pero nunca resultó un rival temible de medio campo hacia arriba, lo que le ponía, más si cabe, mejor las cosas a los locales.
Ni Ribas ni Pallarés ni Carlos Martínez o Robusté; ni tan siquiera Gato supo ver portería con facilidad, justo la que le generaron algunas de las oportunidades que el FC Cartagena dispuso.
En esta oportunidad nada hay que reprochar a la defensa –tan denostada en este arranque de temporada–, porque el Sevilla Atlético no inquietó lo más mínimo, por lo que fue un partido muy plácido para los zagueros.
La entrada de Arcas en el centro del campo por Sergio Jiménez causó sorpresa, ya que hasta este momento el canterano estaba siendo uno de los jugadores más destacados esta temporada. El aguileño asumió ayer el papel de pivote defensivo, aunque su trabajo fue de más a menos y deslucido por momentos.
El conjunto albinegro fue el dominador absoluto del encuentro porque decidió asumir ese rol casi desde el comienzo. Sin embargo, esa superioridad nos se veía trasladada a fútbol ofensivo de calidad. Nadie dudó que la juventud del filial sevillista debía jugar a favor de los albinegros, pero sobre el papel el FC Cartagena apenas trabajaba sus virtudes para buscar los defectos del oponente. El partido hubiera resultado la mar de plácido casi desde el principio si los locales hubieran logrado anotar una de las clarísimas opciones de las que gozaron en los primeros cuarenta y cinco minutos de partido.
Ribas, muy bien colocado durante todo el choque, le colocó en los pies a Carlos Martínez un balón de oro para que este empujara a la red en el minuto cuatro, pero en vez de hacer eso, el extremo mandó, con su pierna mala, la derecha, el esférico fuera.
Luque se convirtió por derecho propio en el hombre del partido. Focalizó todo el interés creativo de los albinegros y sus compañeros siempre lo buscaban a él para tratar de encontrar los recursos para hincar el diente el rival. El ex del Cádiz es el hombre del Cartagena, pero su problema es que no tiene nadie que lo acompañe.
Los albinegros son demasiado inocentes cuando encaran la meta contraria, quizá faltos de temple en ocasiones y de nervio en otras, provocaron que el partido fuese un auténtico manojo de nervios durante demasiado tiempo, ante un rival que ni ha anotado lejos de su casa ni por tanto, ha ganado un partido a domicilio.
Pero no hubo forma de batir al portero Soria ni con juego directo ni elaborado. El equipo cartagenerista lo intentó pero llegó lo justo, quizá lo suficiente para haber goleado, pero cuando las tuvo no supo cómo había que marcar.
Robusté gozó de un balón claro de remate en el minuto 38, pero con toda la portería para él mandaba el balón demasiado escorado.
Tras el paso por los vestuarios, el FC Cartagena volvía con fuerza, la que le dieron aproximaciones fáciles que le concedía el Sevilla Atlético, pero ni con esas los locales avanzaban.
El uruguayo Ribas tocaba de cabeza y Carlos Martínez remataba sin portero, pero su disparo era repelido por el defensa bajo palos. Luego lo intentó Ribas, tras buena acción personal de Carlos Martínez, pero su chut lo tocó mal para manda fuera el esférico.
Luego llegó el zapatazo de Pallarés en el 60', algo escorado, y la mejor ocasión del encuentro, la de Gato, que volvía a salir desde el banquillo. El extremo, a la media vuelta, se sacaba un fuerte disparo que hizo intervenir a Soria, quien, en esta ocasión, sí que salvó los muebles del Sevilla Atlético.
En los últimos segundos Seba Ribas reclamó un penalti del portero visitante, pero el árbitro ya no se iba a mojar y pitaba el final del partido.
El FC Cartagena dejó mejor sabor de boca a su afición, que ha visto a otro equipo, más decidido y con un fútbol más claro, pero que sigue sin saber cómo hay que ganar en su campo.